“Pablito”, como le dicen en su casa, tiene una sonrisa apagada, unos ojos grandes y curiosos, lo conocí por las calles de Medellín cerca de un botadero de basura; es un joven de 15 años, trabaja con su familia prestando el servicio de cargue, transporte y descargue de escombros, con el fin de sobrevivir “en un país en el que no todos tenemos las mismas oportunidades para salir adelante”, dice Pablito, refiriéndose a las pocas oportunidades que le ofrecieron a él.
En una época de terribles reestructuraciones y de poco empleo, en las cuales las personas se ven obligadas a buscar trabajo independiente, a pesar de que no sea el más lucrativo ni el más respetado por la sociedad. Sin embargo, ayuda a que nuestra ciudad se vea más limpia y ordenada, como es el caso de los “cocheros” o “zorreros” de Medellín que con su trabajo aportan belleza, y menos sacrificio y responsabilidad a las empresas encargadas de esto.
Un trabajo independiente tiene sus ventajas, como: no tener que rendirle cuentas a nadie no cumplir un horario específico, no tener un jefe encima diciendo cómo y cuándo debe hacer sus labores, pero también tiene sus desventajas, aun si se trata del trabajo de “cocheros”, pues este deberá trabajar muchas veces hasta 15 y 16 horas y ahí nadie pagará horas extras, trabaja de domingo a domingo y no puede sacar un día libre, puesto que tiene que llevar la comida a su casa, porque “la plata no alcanza, por eso trato de estirarla un poco”, afirma Pablo Rodríguez, padre de Pablito.
Además los carretilleros no están vinculados a pensiones ni salud, pues son trabajadores independientes, y si no tienen para comer y pagar el arriendo mucho menos para cotizar estos bienes. En este punto sería importante preguntarnos: ¿por qué las escombreras y EEVM no acogen a estos trabajadores? O mejor, ¿cuál es el papel de EEVM?, ¿no es ser limpios con la ciudad?, pero ese también es el papel de los “zorreros” ¿por qué no ser uno solo?, los dos tienen la misma idea hacía Medellín, colaborar para seguir siendo “la tacita de plata”.
Quisiera añadir que los trabajadores con vehículos de tracción animal deben tener la capacidad de tener roles distintos, simultanea o sucesivamente. Deberán desempeñar el rol de patrón, cuando decide dónde y cuándo trabajar; obrero, ene. Momento que hace la carga transporte y descarga de los desechos sólidos; gerente de ventas, en el lapso que negocia cuánto vale su trabajo; experto en relaciones públicas cuando consigue cliente, entre muchos otros trabajos que tiene que desempeñar él mismo.
Este trabajo a pesar de que no tenga prestaciones ni salud, sí tiene unas normas que los regulan en el Código Nacional De Tránsito Terrestre, como lo son los artículos 161 y 159, que hablan sobre el peso máximo de carga y la forma de transitar por las vías públicas. No obstante las leyes no se cumplen ni se hacen cumplir, como lo explica Jhon Jairo Sarria Isaza, administrador del centro de acopio de La Iguaná: “no existe ningún control, manejan en contravía, y si no mire cómo fuerzan a ese pobre animal poniéndole más peso del que debería cargar”.
¿Qué está pasando con el control de las reglas? ¿Para qué se hacen reglas, si no es para hacerlas cumplir? ¿Será la forma más fácil de demostrar que estos personajes sí se tienen en la cuenta como ciudadanos?
Marliese Madrigal
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