La jueza ordena que proceda, mientras la joven demandante sigue observando el lugar, como si encontrara consuelo en la escueta sala de audiencias del edificio de justicia José Félix de Restrepo.
Sin duda, es una sala que no tiene aspecto de haber sido fabricado para realizar juicios. Hay tres mesas al fondo, que las separan dos o tres centímetros máximo, y una en cada extremo de la sala. Las paredes son cafés, un poco más claras que las mesas y la tribuna, que no es muy sobresaliente. Una luz fuerte entra por las ventanas, resaltando la palidez de la cara del fiscal y la joven.
- Me cogió bruscamente y empezó a besarme todo el cuerpo –dijo la joven. Me bajó el cierre y me quito la chaqueta, yo quede en una blusa de tiritas corticas.
La joven intentaba calmar sus nervios con un calendario en la mano. Su mirada seguía perdida en la tribuna, como si le estuviera hablando a ésta, pero allí no se encontraba nadie.
- Yo le dije que nos fuéramos para la sala y cogí mi chaqueta, y intente abrir la puerta; pero él tiro la puerta y me dijo que en la sala o aquí era lo mismo- sigue diciendo ella.
- Tranquila, síguele contando a su señoría todo lo que te pasó- interrumpe la fiscal
La joven lo hizo, pero su voz iba perdiendo esa tenacidad con la que había iniciado el interrogatorio.
- Él se quito el pantalón y quedo desnudo- dijo
- Sigue- insistía la fiscal
Pero la joven ya no podía contener sus lágrimas o quizás no quería pronunciar las palabras que seguían, que eran las que más le dolían. Sin embargo con las lágrimas bajando por su cara y en palabras entrecortadas tratando de encontrar una palabra precisa para no sentirse mal, siguió.
- Me obligo a hacerle sexo oral, y que hasta que no se viniera no me podía quitar y que de esa forma no me penetraba-
Sus lágrimas seguían corriendo, la jueza la miraba y escribía en un computador portátil, sin mostrar ninguna sorpresa o conmoción por lo que ella contaba. La fiscal continuaba dándole ánimos, para que no escatimara en detalles.
- Como no pude por las ganas de vomitar que tenía, él me quitó el pantalón, me tiro a la cama y se me montó encima- continuó la joven mientras se controlaba con un suspiro de desahogo, que evocaba aquel momento tan doloroso, bajo la presión de la fiscal.
- él con mucha rabia me jaló de las piernas me agarro las manos y inmediatamente me penetro- dijo la joven- él termino y yo salí llorando hacía el baño mientras me decía que esto era algo que queríamos los dos.
Se dejó caer sobre la mesa como un acto que dio por terminado su testimonio, mientras esperaba la intervención de la defensora sin poder dar fin, por el momento, a un juicio que sin duda daría un fallo poco favorable en los siguientes meses.
Sin duda, es una sala que no tiene aspecto de haber sido fabricado para realizar juicios. Hay tres mesas al fondo, que las separan dos o tres centímetros máximo, y una en cada extremo de la sala. Las paredes son cafés, un poco más claras que las mesas y la tribuna, que no es muy sobresaliente. Una luz fuerte entra por las ventanas, resaltando la palidez de la cara del fiscal y la joven.
- Me cogió bruscamente y empezó a besarme todo el cuerpo –dijo la joven. Me bajó el cierre y me quito la chaqueta, yo quede en una blusa de tiritas corticas.
La joven intentaba calmar sus nervios con un calendario en la mano. Su mirada seguía perdida en la tribuna, como si le estuviera hablando a ésta, pero allí no se encontraba nadie.
- Yo le dije que nos fuéramos para la sala y cogí mi chaqueta, y intente abrir la puerta; pero él tiro la puerta y me dijo que en la sala o aquí era lo mismo- sigue diciendo ella.
- Tranquila, síguele contando a su señoría todo lo que te pasó- interrumpe la fiscal
La joven lo hizo, pero su voz iba perdiendo esa tenacidad con la que había iniciado el interrogatorio.
- Él se quito el pantalón y quedo desnudo- dijo
- Sigue- insistía la fiscal
Pero la joven ya no podía contener sus lágrimas o quizás no quería pronunciar las palabras que seguían, que eran las que más le dolían. Sin embargo con las lágrimas bajando por su cara y en palabras entrecortadas tratando de encontrar una palabra precisa para no sentirse mal, siguió.
- Me obligo a hacerle sexo oral, y que hasta que no se viniera no me podía quitar y que de esa forma no me penetraba-
Sus lágrimas seguían corriendo, la jueza la miraba y escribía en un computador portátil, sin mostrar ninguna sorpresa o conmoción por lo que ella contaba. La fiscal continuaba dándole ánimos, para que no escatimara en detalles.
- Como no pude por las ganas de vomitar que tenía, él me quitó el pantalón, me tiro a la cama y se me montó encima- continuó la joven mientras se controlaba con un suspiro de desahogo, que evocaba aquel momento tan doloroso, bajo la presión de la fiscal.
- él con mucha rabia me jaló de las piernas me agarro las manos y inmediatamente me penetro- dijo la joven- él termino y yo salí llorando hacía el baño mientras me decía que esto era algo que queríamos los dos.
Se dejó caer sobre la mesa como un acto que dio por terminado su testimonio, mientras esperaba la intervención de la defensora sin poder dar fin, por el momento, a un juicio que sin duda daría un fallo poco favorable en los siguientes meses.
Camila Sierra y Marliese Madrigal